
Los trastornos generalizados del desarrollo presentan un grave retraso en varias áreas del desarrollo, en especial en lo que se refiere a interacción social, retraso del lenguaje y desarrollo de una serie de conductas atípicas. El síndrome de Asperger es uno de ellos.
Este síndrome no es un autismo infantil, se diferencia de este en tanto que el lenguaje está menos retrasado, los déficit motores son más comunes, y el comienzo es más tardío. Para otros no está claro si se diferencia del autismo, lo llaman “autistas altamente funcionantes”. Sin embargo, podemos distinguir una serie de síntomas o características:
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Importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales como contacto ocular, expresión facial, posturas corporales, y gestos reguladores de la interacción social. Uso limitado de gestos.
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Incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros. A menudo no son conscientes de los sentimientos de las demás.
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Ausencia de reciprocidad social o emocional. En ocasiones parecen estar ausentes, absorto en sus pensamientos.
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Preocupación absorvente por uno o más patrones de interés estereotipados y restrictivos que son anormales, ya sea por su intensidad o por su objetivo.
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Adhesión inflexible a rutinas específicas. Intereses obsesivos de alto nivel.
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Comportamiento motor estereotipado y repetitivos. Tendencia a balancearse o caminar mientras se concentran.
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Aparición del lenguaje en tiempo normal.
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Coeficiente Intelectual generalmente por encima de lo normal. Gramática y vocabulario por encima del promedio. Gran memoria para los detalles.
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Comunicación: incapacidad para mantener una conversación. Comprensión deficiente, con mala interpretación de significados literales.
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Se altera con facilidad si hay cambios en la vida rutinaria.
Es decir, en la mayoría de los casos, tres aspectos del desarrollo están afectados:
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Conexiones y habilidades sociales.
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Utilización del lenguaje con fines comunicativos.
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Comportamiento con rasgos repetitivos y una limitada gama de intereses.
Normalmente el diagnóstico se realiza después de los 3 años pero los padres detectan problemas desde ½ a un año antes. El tratamiento es esencialmente sintomático y de soporte. La terapia de apoyo centrada en problemas de empatia, dificultades sociales y síntomas depresivos puede ser muy útil, aunque es difícil que estas personas acepten una psicoterapia de insight. El tratamiento farmacológico se orienta a tratar los síntomas obsesivos o angustiosos pero no resuelve el trastorno en su totalidad. Sin duda la terapia da mucho soporte y contención a esta problemática, tanto en el niño como en la familia.

















